Aunque hoy lo conocemos como un festivo de tranquilidad y paseos por El Retiro, el 1º de Mayo en Madrid nació entre cargas policiales, huelgas de hambre y una profunda división estratégica.
Sin embargo, la historia del 1º de Mayo en Madrid es la crónica de una lucha por la dignidad que comenzó mucho antes de que el calendario oficial lo pintara de rojo.
A continuación encontrarás una breve, pero instructiva, historia de la celebración del ‘Día del Trabajo’ en Madrid: de la primera celebración en 1890 hasta la división actual, pasando por la ocupación por el pueblo de la Casa de Campo en 1931 y el ‘No nos moverán’ bajo los caballos en el parque Azorín de Vallekas en 1977.
El origen del 1º de Mayo en Madrid: 1890 y la división de fuerzas
La 1ª vez que Madrid conmemoró esta jornada fue en 1890. En aquel entonces, no era un día festivo, sino una jornada de lucha por las 8 horas laborales.
Además, desde aquel principio, la unidad fue una quimera:
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- la línea dura: los sectores vinculados a lo que más tarde sería la CNT (anarcosindicalistas) abogaban por el paro total y la huelga revolucionaria ese mismo día, sin importar las consecuencias.
- la línea pragmática: por su parte, la UGT (socialistas), para evitar el despido masivo de trabajadores y no ‘soliviantar’ en exceso a los patrones, optó en sus primeros años por trasladar las celebraciones al domingo más cercano.
Esta bicefalia marcó las calles de la capital durante décadas: mientras unos se jugaban el puesto el día 1, otros llenaban la Casa de Campo o los teatros el domingo siguiente.
¡Eran años difíciles para la lucha de los trabajadores!
Los años republicanos del 1º de Mayo en Madrid
1931: la esperanza (la Casa de Campo)
Uno de los hitos más recordados en la memoria madrileña ocurrió el 1 de mayo de 1931. Con la Segunda República recién proclamada, la celebración adquirió un tono de victoria.
Así, ese 1º de Mayo en Madrid se escenificó la apropiación simbólica de la Casa de Campo por parte del pueblo madrileño. Lo que había sido un coto de caza real se abrió a las masas, convirtiéndose en el escenario de una de las manifestaciones más multitudinarias y festivas que se recordaban hasta la fecha.
Hasta ese momento, la Casa de Campo era Patrimonio Real, un recinto cerrado para el uso exclusivo de la monarquía. Pero el 1 de mayo de 1931, el nuevo Gobierno republicano decidió que no había mejor forma de celebrar el primer ‘Día del Trabajo’ en libertad que entregando el parque al pueblo.
Con la apertura de puertas miles de trabajadores y sus familias acudieron con cestas de comida y mantas. Fue la primera vez que el ‘pueblo llano’ pudo cruzar legalmente esos muros para merendar bajo las encinas donde antes solo cazaban los reyes.
Un decreto histórico del Gobierno de la República incautó de forma oficial el recinto ese mismo día para convertirlo en un parque público, un gesto que los madrileños celebraron como una segunda proclamación de la República.
Se dice que ese día los madrileños no solo ocuparon el parque, sino que muchos se llevaron ‘recuerdos’ de las zonas prohibidas, en un acto de justicia poética por tantos años de exclusión.
Manifestaciones y consignas
Ese día Madrid se convirtió en un mar de banderas rojas y tricolores. Además llegó la unidad (solo temporal): a diferencia de otros años, la UGT y la CNT compartieron las calles en una marcha masiva que bajó por la calle de Alcalá hasta la Puerta del Sol.
No obstante, aunque el ambiente era festivo, las pancartas exigían reformas urgentes:
- la jornada de 8 horas, ya que todavía no se cumplía en muchos oficios;
- la reforma agraria y, sobre todo,
- la consolidación de la naciente República frente a los sectores monárquicos.
Francisco Largo Caballero, que entonces era ministro de Trabajo, pronunció un discurso histórico donde vinculó de manera directa la democracia con los derechos sociales.
Madrid sintió que, por primera vez, el poder político y el movimiento obrero caminaban de la mano.
1932-1933: la fractura entre UGT y CNT
Si en 1931 hubo abrazos, en 1932 volvieron los codazos. La CNT, descontenta con el ritmo de las reformas de la República, llamó al boicot de las celebraciones oficiales de la UGT.
Además, Madrid se llenó de huelgas sectoriales días antes.
Asimismo, mientras los socialistas celebraban actos institucionales, los anarcosindicalistas realizaban mítines paralelos mucho más agresivos, marcando una división que ya no tendría vuelta atrás.
1933: la tensión extrema
Este fue quizás el 1º de Mayo en Madrid más ‘eléctrico’ antes de la Guerra Civil. Con el gobierno de Manuel Azaña Díaz en crisis y la derecha (la CEDA) reorganizándose, la jornada fue de todo menos tranquila.
En primer lugar hubo un paro total: la ciudad amaneció prácticamente muerta; no funcionaban los tranvías ni los cafés.
Y hubo numerosos incidentes: choques entre grupos de trabajadores y la Guardia de Asalto en barrios como Cuatro Caminos y Vallecas. La fiesta se había transformado de forma definitiva en una demostración de fuerza militante.
1934-1935: la resistencia (el silencio impuesto)
Con la derecha en el poder, el 1º de mayo en Madrid de estos 2 años sufrió una fuerte represión.
- 1934: la celebración estuvo marcada por el miedo al fascismo. Las consignas ya no eran solo laborales, sino de defensa de la República frente a lo que ocurría en Alemania o Austria.
- 1935: tras la Revolución de Octubre del 34, el estado de guerra y la suspensión de garantías hicieron que el 1º de Mayo en Madrid fuera casi clandestino. No hubo grandes desfiles, pero sí pequeños actos de resistencia en las casas del pueblo y los sindicatos.
1936: el preludio del fin (el último desfile)
En 1936 se celebró el último 1º de Mayo en Madrid antes de la tormenta.
Con el triunfo del Frente Popular en febrero, el ‘Día del Trabajo de 1936’ fue una explosión contenida.
Fue la manifestación más grande de la historia de Madrid hasta ese momento. Sin embargo, ya había un ambiente prebélico: aunque fue masiva, el aire era pesado. Se veían milicias uniformadas desfilando por el paseo de la Castellana y el paseo del Prado.
Fue el día en que se escuchó con más fuerza el grito de ‘¡No pasarán!’, meses antes de que se convirtiera en el lema de la defensa de la ciudad.
De la clandestinidad a la fragmentación actual
Tras el largo paréntesis de la dictadura, donde la fiesta fue sustituida por las ‘Demostraciones Sindicales’ en el Estadio Santiago Bernabéu, la llegada de la democracia trajo de vuelta la calle, pero también la diversidad (o fragmentación) de siglas.
Y no podemos olvidar el 1 de mayo de 1977. Con la democracia aún en pañales y los sindicatos recién legalizados, barrios como Vallecas vivieron una jornada de auténtico caos. Los botes de humo de los ‘grises’ y las cargas policiales, que incluso interrumpieron celebraciones familiares y primeras comuniones, marcaron el último gran pulso antes de la plena legalización de la fiesta.
1977: el grito de Vallecas
Aunque todavía no era una fiesta autorizada plenamente (se denegaron los permisos para las manifestaciones centrales), miles de personas se echaron a la calle en los barrios. Vallecas se convirtió en una ratonera:
- las cargas de los grises: fue una batalla campal donde no se no respetaban distancias ni contextos, lanzado botes de humo a ventanas, portales, bodegas y locales donde la vida cotidiana seguía su curso.
- botes de humo: la violencia era tan indiscriminada que incluso los vecinos asomados a sus ventanas sufrieron los efectos de los gases; a algunos, incluso mientras jaleaban a las fuerzas del orden, les caían los botes de humo directamente en su posición.
- cargas a caballo: el parque Azorín, inaugurado en 1966, sufrió cargas de los ‘grises’ a caballo contra manifestantes que cantaban el ‘No nos moverán’.
- el simbolismo: ese día Madrid demostró que la calle ya no tenía vuelta atrás. Fue el último 1 de mayo ‘semiclandestino’ antes de que en 1978 se celebrara la primera gran manifestación legal y masiva.
Hoy en día, Madrid no vive una manifestación, sino un archipiélago de ellas. Es habitual ver hasta 8 o 9 convocatorias diferentes: desde las grandes columnas de los sindicatos mayoritarios en el eje Prado-Recoletos, hasta las marchas combativas en los barrios del sur o las convocatorias anarquistas y autónomas que mantienen vivo aquel espíritu de 1890.
La historia del 1º de Mayo en Madrid no se escribió en despachos, sino con el sudor y la resistencia de quienes, como en Vallecas en el 77, no se achicaron ante los botes de humo. ¿Viviste tú también aquellas jornadas de la Transición o alguna de las manifestaciones que han marcado la historia de tu barrio? No dejes que la memoria se pierda: cuéntanos tu historia en los comentarios. ¡La calle es tuya!





