El viernes 29 de mayo tuve la satisfacción de participar en la presentación de ‘Quince crímenes’. el último libro de mi querido y viejo amigo José Manuel López Moncó. Me tocaba hablar de ese libro de relatos, 15 como su nombre índica, que ha visto la luz en estos días. El título de mi presentación era ‘El bisturí del abismo: Quince crímenes’ y ahora lo comparto aquí, en Pongamos que Hablo de Madrid | La Revista de Madrid.
El bisturí del abismo: ‘Quince crímenes’
En ‘Quince crímenes’, José Manuel López Moncó (Diversidad Literaria, 2026) se adentra y nos adentra en una profunda exploración psicológica de personajes que transitan de manera voluntaria o forzada por las fronteras del delito, la culpa y la desesperación.
Así, a través de una estructura que combina el relato corto, el cuento y la ‘novelette’, el libro utiliza la muerte y la transgresión no como meros elementos de suspense, sino como el vehículo idóneo para analizar la condición humana en sus momentos más extremos.
Detrás de la aparente sencillez de una antología de relatos criminales, ‘Quince crímenes’ esconde un ambicioso artefacto narrativo que utiliza el delito como un microscopio para observar las zonas más oscuras del alma humana. Ya que el volumen no se conforma con los códigos habituales del ‘thriller’ o el procedimental policíaco —salvo excepciones muy deliberadas—, sino que prefiere indagar en el ‘porqué’ más que en el ‘quién’.
Como con el bisturí del abismo, José Manuel López Moncó disecciona sus 15 relatos con maestría y profesionalidad. A continuación encontrarás las claves fundamentales que vertebran su última obra.
1. La geometría del delito: variedad de formatos y géneros
Uno de los mayores aciertos del libro es su dinamismo estructural. El autor evita la monotonía combinando con destreza 3 extensiones narrativas:
- relato corto,
- cuento de corte clásico y
- novela corta o ‘novelette’.
Esta flexibilidad formal le permite adaptar el ritmo a la naturaleza de cada historia: desde la precisión quirúrgica necesaria para resolver un enigma en pocas páginas hasta el desarrollo pausado y atmosférico que requieren las piezas de mayor calado psicológico.
Asimismo, la obra destaca por su hibridación genérica:
- Novela negra pura: presente, entre otras, en la pieza que abre el volumen: ‘La Nochebuena del inspector Muñones’.
- Relato histórico: donde el crimen se diluye y se explica a través de los códigos del pasado, el estamento militar o los ecos de la Segunda Guerra Mundial.
- Crónica social y psicológica: relatos cotidianos que exploran la desesperación del ciudadano común frente al sistema o la alienación laboral.
2. Ejes temáticos recurrentes
A pesar de la aparente independencia de las 15 piezas, existen hilos invisibles que las cosen con firmeza. A saber:
- La denuncia social frente al maltrato y el abuso: la violencia de género, el abuso sexual y el desamparo institucional actúan como detonantes en múltiples relatos. El libro no esquiva la sordidez de estas realidades, sino que las sitúa en el centro del debate moral.
- La trampa de la venganza: la máxima de que «el camino de la venganza consume a quien lo ejecuta» se repite como un eco trágico. Los personajes que buscan una justicia distributiva a menudo acaban atrapados en la misma red de horror que intentaban castigar.
- Los lazos de sangre y los secretos del pasado: la familia y la maternidad no se presentan como refugios idílicos, sino a veces como cadenas de fatalidad biológica y traumas heredados que marcan el destino de forma irreversible.
- La democratización de la monstruosidad: el mal en esta obra rara vez lleva una máscara evidente. Se esconde detrás de la amabilidad de un vecino respetable, de la decrepitud de la tercera edad o de la aparente fragilidad de una víctima que decide dar la vuelta a la tortilla.
3. El espacio como espejo psicológico
La geografía en ‘Quince crímenes’ no es un mero decorado. Funciona como una extensión de la mente de sus personajes. El autor maneja con idéntica maestría los espacios abiertos y hostiles —como el aislamiento abrupto de la sierra en ‘La Pedriza’— y los entornos urbanos asfixiantes: las vías del tren, los centros de menores de zonas exclusivas o la rigidez de un convento.
Además, los ventanales, los pasillos y los hospitales se transforman en fronteras físicas entre la cordura y la enajenación mental.
4. Estilo y voz narrativa
La prosa de José Manuel López Moncó en esta obra destaca por su capacidad de adaptación. Así, modula la velocidad y el tono según el pulso de la historia: utiliza un lenguaje afilado y directo para las tramas policíacas, un ritmo fragmentado y obsesivo para retratar la locura y el delirio, y una voz pausada, casi documental, para los relatos de corte histórico.
Además, existe un persistente juego irónico con los títulos y las expectativas del lector. El autor rehúye los finales complacientes. Ya que la resolución de los conflictos suele dejar un poso de amargura y te invita a cuestionar los límites entre la culpabilidad legal y la justificación moral.
Conclusión de ‘El bisturí del abismo’
‘Quince crímenes’ es una obra poliédrica y madura que trasciende las fronteras del entretenimiento criminal. Al situar el foco en las motivaciones, las carencias del sistema y la fragilidad de la mente humana, el libro ofrece un espejo incómodo pero fascinante sobre los abismos a los que cualquiera puede asomarse cuando las circunstancias lo empujan al límite.
Así que, como puedes suponer, con ‘El bisturí del abismo: reseña de Quince crímenes’, te recomiendo su lectura. ¡Te garantizo que lo disfrutarás!
El género negro siempre nos atrae porque nos asoma a los rincones más oscuros del alma. ¿Qué es lo que más te fascina de un buen relato criminal: descubrir el misterio o entender la psicología del asesino? Si ya has leído el libro, ¡déjanos tus impresiones en los comentarios! ¡Te leemos!





