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Catecismo Político 5: De las Cortes Generales | Hemiciclo del Congreso de los Diputados (Madrid) | Foto: La Moncloa / Fernando Calvo / Wikipedia

Catecismo Político 5: De las Cortes Generales

Entre el decorado del hemiciclo y la disciplina del dedo: ¿quién manda de verdad en la carrera de San Jerónimo o en la plaza de la Marina Española?

Catecismo Político 5: De las Cortes Generales | Antiguo Salón de Sesiones del Senado de España (Madrid) | Foto: Carlos Teixidor Cadenas / WikipediaDicen que en Madrid todos los caminos conducen a la Puerta del Sol, pero todos los ruidos —los de verdad, los que se visten de ley— terminan concentrándose bajo la mirada de 2 leones de bronce que, por fortuna para ellos, no tienen oído. En este ‘Catecismo Político 5’ analizaremos las Cortes Generales, ese bicameralismo de salón y pasillo.

Aunque, se nos presentan como el corazón de la soberanía popular, a veces parecen más un escenario donde el eco de las palabras es inversamente proporcional a la claridad de las decisiones.

El sistema nos cuenta que el poder reside en el pueblo, pero se administra en esas 2 cámaras. Por un lado, el Congreso de los Diputados, donde se supone que se representa la voluntad de la nación entre turnos de réplica y broncas de sesión de control. Por otro, el Senado, esa cámara de ‘segunda lectura’ que muchas veces parece el refugio del descanso eterno de la política: un lugar diseñado para reposar lo que abajo se cocina con prisas, aunque a veces el fuego esté tan bajo que la sopa se quede fría.

Además, en estas sedes se ha perfeccionado el arte de la palabra interminable. Hablar mucho para no decir nada, o mejor dicho, para que lo decidido de antemano en los despachos parezca el fruto de un debate encendido. Es la magia de las Cortes: horas de discurso, miles de folios en el Diario de Sesiones, para que al final la disciplina de voto convierta el hemiciclo en un bosque de dedos levantados al unísono.

Decidir por todos es una responsabilidad que asusta, o debería asustar. Pero en la carrera de San Jerónimo, el peso de esa responsabilidad se diluye entre el humo de los cafés cercanos y las estrategias de partido. Al final, el ciudadano mira hacia arriba, hacia esos leones, y se pregunta si dentro se está hablando de su vida o solo se está ensayando la próxima función.

Catecismo Político 5 | De las Cortes Generales: el arte de hablar mucho para decidir por todos

¿Qué son exactamente las Cortes Generales?

Son el escenario principal de nuestra representación política. Se dividen en 2 cámaras: el Congreso de los Diputados y el Senado. En teoría, es el lugar donde reside la soberanía nacional. En la práctica, es el espacio donde se escenifican los acuerdos que ya vienen cocinados de los despachos de los partidos.

¿Por qué se dice que el Congreso es la ‘Cámara Baja'» y el Senado la ‘Cámara Alta’?

Por pura herencia histórica y protocolo, porque si miramos la realidad del poder, la jerarquía es la inversa. El Congreso es el que pone y quita gobiernos, el que aprueba los presupuestos y donde se concentra el ruido mediático. El Senado, a pesar de su nombre aristocrático, ha quedado relegado a una especie de sala de espera de lujo donde las leyes se repasan con calma, pero rara vez se transforman de verdad.

¿Cuál es la función principal de un diputado o un senador?

Legislar, controlar al Gobierno y representar a los ciudadanos. Sin embargo, el arte de estas cámaras consiste en transformar la representación en disciplina. El diputado no vota con su conciencia ni con el mandato directo de sus electores, sino siguiendo la señal que le marca el dedo del portavoz de su grupo. Es el triunfo del bloque sobre el individuo.

¿Se debate en realidad en las Cortes?

Se declama, que es distinto. Los discursos suelen estar escritos antes de que el orador suba a la tribuna y las réplicas rara vez escuchan al contrario. Es un ejercicio de oratoria sorda donde se habla para los convencidos y para el clip de vídeo que saldrá en el telediario. El verdadero debate, el que mueve una coma de una ley, suele ocurrir en las comisiones a puerta cerrada o en los pasillos del edificio de la carrera de San Jerónimo.

¿Para qué sirve entonces tanta palabrería?

Para mantener viva la ficción de que todo se decide por consenso o por mayoría tras una reflexión profunda. Hablar mucho es una estrategia de distracción: mientras se discute de forma apasionada sobre el adjetivo de un preámbulo, se decide por todos la letra pequeña de los reglamentos que realmente afectan al bolsillo y a la libertad del vecino de Madrid y de España.

¿Y qué hay de la ‘disciplina de voto’?

Es el nudo que ahoga la libertad del representante. En teoría, cada diputado tiene un mandato libre, pero en la práctica es un soldado de su partido. Si el dedo del portavoz apunta hacia arriba, todos votan sí; si apunta hacia abajo, todos votan no. El ‘arte de hablar mucho’ se queda en nada cuando la decisión ya está tomada en un despacho antes de que empiece el debate.

¿Sirve el Senado para algo más que para ‘recolocar’ políticos?

Debería ser la cámara de representación territorial, el lugar donde se escuchen las voces de las regiones. Sin embargo, en Madrid se vive como un retiro dorado o un trámite burocrático. Se habla mucho de reformarlo, pero nadie quiere tocar un mueble que resulta tan cómodo para aparcar compromisos políticos.

¿Quién decide realmente por todos en las Cortes?

Los grupos parlamentarios y sus cúpulas. Las Cortes son el escaparate, pero el almacén donde se guarda el poder está en los pactos de investidura y en las mayorías aritméticas. Al final, el ciudadano siente que su voto es un cheque en blanco que se cobra en una moneda que él no ha elegido: la de la conveniencia del momento.

Índice del Catecismo Político arreglado a la Constitución de 1978

  1. Prefacio: Instrucciones para la ciudadanía del siglo XXI.
  2. Capítulo 1 | ¿Qué es Constitución?, el meollo de la cuestión.
  3. Capítulo 2 | De lo preliminar: España y Madrid, ¿quién manda aquí en realidad?
  4. Capítulo 3 | De los derechos y deberes: tu libertad termina donde empieza el parterre del vecino.
  5. Capítulo 4 | De la Corona: un rey para una democracia (y para los desfiles en la Castellana)
  6. Capítulo 5 | De las Cortes Generales: el arte de hablar mucho para decidir por todos.
  7. Capítulo 6 | Del Gobierno y la Administración: los que gestionan el día a día (y las multas).
  8. Capítulo 7 | Del Gobierno y las Cortes: el baile de la confianza y el control.
  9. Capítulo 8 | Del Poder Judicial: la última palabra la tiene la toga.
  10. Capítulo 9 | Economía y Hacienda: ¿A dónde van mis impuestos cuando cruzo la M-30?
  11. Capítulo 10 | Organización Territorial: el puzle de las autonomías, ayuntamientos y distritos.
  12. Capítulo 11 | El Tribunal Constitucional: los guardianes de las reglas del juego.
  13. Capítulo 12 | La Reforma: ¿Cómo se cambia una ley que parece escrita en piedra?
  14. Conclusiones | Para que no te la den con queso (ni en la Puerta del Sol).

(Nota: cada martes, según se vaya publicando los correspondientes capítulos podrás enlazar con cada uno de ellos.)

Las Cortes Generales se levantan sobre el papel como el templo de nuestra palabra, pero a pie de calle muchas veces se perciben como un eco lejano de lo que de verdad nos preocupa.

Y tú, ¿crees que el debate en el Congreso sirve para algo más que para el titular del día? ¿Sientes que tu diputado te representa a ti o solo a las siglas de su partido? Déjanos tu opinión aquí abajo. En esta revista alternativa digital madrileña, a diferencia de en el Senado, todas las voces cuentan y ninguna se queda en ‘segunda lectura’. ¡Te leemos!

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