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Nadie es profeta en su propia tierra | Julio César

Nadie es profeta en su propia tierra | Julio César

«Nemo propheta in patria sua» quiere significar que las personas cercanas a figuras públicas no deberían estar bajo sospecha

«Nadie es profeta en su propia tierra».

(«Nemo propheta in patria sua»)

Julio César 

(Roma (República Romana), 12 o 13 de julio de 100 a. C.- Ibídem, 15 de marzo de 44 a. C.)

Político, militar y escritor

Nadie es profeta en su propia tierra | Julio César

Cayo Julio César dijo hace más de 2.000 años «Nemo propheta in patria sua» (‘Nadie es profeta en su propia tierra’) quiere significar que las personas cercanas a figuras públicas no deberían estar bajo sospecha. Así defiende que las personas que son conocidas y están cerca de alguien no suelen apreciar o reconocer su valor, Y, por lo tanto, no deberían ser consideradas sospechosas por el simple hecho de su cercanía. Aunque parece que esto todavía sigue vigente y es tendencia hoy por hoy.

Aunque no se refiere de forma específica a figuras públicas y sus allegados, esta frase presenta la idea de que la familiaridad puede llevar a la falta de reconocimiento o a la sospecha infundada. En el contexto de figuras públicas, como políticos, a menudo se asume que aquellos que están cerca de ellos deben compartir sus virtudes o defectos. Y ello puede llevar a sospechas injustas.

Julio César: un resumen breve de su biografía

Cayo Julio César (100 a. C. – 44 a. C.) fue un militar, político y escritor romano cuya vida marcó la transición de la República Romana al Imperio de Roma.

Miembro de una destacada familia patricia, ascendió con rapidez en la política gracias a su carisma y oratoria. Formó el Primer Triunvirato, junto a Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso. Y, tras la conquista de las Galias (58-50 a. C.), su fama se disparó. Además en ella demostró un genio militar excepcional y se ganó la lealtad de sus legiones.

Sin embargo, su creciente poder lo llevó a un conflicto con Pompeyo y el Senado. Al cruzar el río Rubicón en el 49 a. C., inició una guerra civil de la que salió victorioso. Y que le permitió consolidar un poder sin precedentes en Roma.

Así, como dictador perpetuo, implementó importantes reformas, entre ellas la reorganización del calendario (Calendario Juliano) y la reducción de la corrupción. No obstante, su acumulación de poder alarmó a los republicanos.

Por fin, fue asesinado el 15 de marzo del 44 a. C. (Idus de marzo) por un grupo de senadores conspiradores. Su muerte, de forma paradójica, desató nuevas guerras civiles que culminaron con el ascenso de su hijo adoptivo y heredero, Augusto (Octaviano). Así como con el establecimiento del Imperio Romano.

En definitiva el legado de Julio César es el de un líder carismático, estratega brillante y figura central que transformó para siempre la historia de Roma.

Hoy, en su 2.125 aniversario, recordamos a Cayo Julio César en la frase del domingo en Pongamos que Hablo de Madrid | La Revista de Madrid:

«Nadie es profeta en su propia tierra».

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