«Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».
Augusto Monterroso
(Tegucigalpa (Honduras), 21 de diciembre de 1921 – Ciudad de México (Estados Unidos Mexicanos), 7 de febrero de 2003)
Escritor
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí | Augusto Monterroso
Augusto Monterroso Bonilla, conocido también como Tito Monterroso, es el maestro de la brevedad que hizo del silencio y la concisión sus mejores herramientas literarias. Aunque se le conoce en todo el mundo por ser el autor de ‘El dinosaurio’ («Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí»), considerado durante décadas el relato más corto de la lengua castellana, su figura trasciende con mucho esa anécdota mínima.
Nacido en 1921 en la capital de Honduras, hijo de un guatemalteco y una hondureña, Augusto Monterroso fue autodidacta por necesidad y por convicción. Nacionalizado guatemalteco, en su juventud en Ciudad de Guatemala (Guatemala), se opuso de forma ferviente a la dictadura de Jorge Ubico, lo que le valió el exilio en Ciudad de México (México) a partir de 1944. Así, ese país se convirtió en su hogar definitivo y en el escenario donde refinó un estilo que mezclaba la erudición con una timidez casi militante.
La estética de lo invisible
La obra de Augusto Monterroso es un monumento a la inteligencia. A diferencia de otros autores de su generación, él no buscaba la expansión, sino la condensación. Sus libros —como ‘Obras completas (y otros cuentos)’ o ‘La oveja negra y demás fábulas’— demuestran que el humor es la forma más alta de la seriedad. Sus fábulas no buscan dar lecciones morales, sino desmontar las vanidades humanas y literarias mediante una ironía fina, casi imperceptible para el lector distraído.
Asimismo, su escritura es un ejercicio de poda constante:
- brevedad: entendida no como falta de contenido, sino como la eliminación de lo superfluo;
- intertextualidad: sus textos dialogan de modo constante con los clásicos, desde Miguel de Cervantes hasta Jonathan Swift; y
- humor: una herramienta crítica para observar el mundo sin caer en el dogmatismo.
El legado de un hombre discreto
Augusto Monterroso recibió honores de gran peso, como el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2000. Sin embargo, siempre mantuvo una actitud de sospecha ante la fama. Para él, escribir era un acto de valentía frente a la página en blanco. Aunque publicar era una indiscreción que debía justificarse con una calidad impecable.
Falleció en la capital de México en 2003. Y dejó tras de sí una estela de escritores que aprendieron que, a veces, para decir mucho hace falta callar casi todo.
Su vida y su obra nos recuerdan que la literatura no se mide por el número de páginas, sino por la profundidad del eco que dejan sus palabras una vez que cerramos el libro.
Hoy, en su 104 aniversario, recordamos a Augusto Monterroso en la frase del domingo en Pongamos que Hablo de Madrid | La Revista de Madrid con su microrrelato tan conocido:
«Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».




