¡No a la Guerra! ¡No a todas las guerras!

¡No a la guerra! ¡No a todas las guerras!

Otra vez: ¡No a la Guerra! ¡No a todas las guerras!

Otra vez, después de aquellas marchas de 2003 contra la invasión estadounidense de Irak, tenemos que gritar fuerte, muy fuerte: ¡No a la guerra! ¡No a todas las guerras!

Sin embargo, esta vez, en 2022, no grito contra la invasión estadounidense de Irak, sino contra la invasión rusa de Ucrania. Contra ese ataque a un país europeo, independiente y soberano de un autócrata ansioso de poder, cuyo nombre no quiero recordar.

Además tampoco entiendo que en este siglo XXI todavía haya quien no comprende que la violencia, que la guerra, no lleva a ningún lugar. Me parecen absurdas y fuera de lugar y de tiempo todas las violencias:

  • violencia de género,
  • violencia de Estado,
  • guerra de ocupación,
  • violencia económica,
  • violencia social,
  • fanatismo religioso,
  • violencia física,
  • violencia psicológica,
  • agresión sexual,
  • violencia simbólica,
  • violencia política,
  • represión policial,
  • violencia verbal,
  • violencia laboral,
  • acoso escolar (‘bulling’)
  • violencia racial,
  • violencia homofóbica,
  • acoso en las redes sociales (‘ciberbulling’)
  • violencia familiar,
  • violencia mediática…

Y me parecen demasiadas violencias. ¡No a la violencia! ¡No a la guerra! ¡Demasiadas guerras ya!

Además, algunos me dirán que esta postura mía de ahora es una defensa de la OTAN o del imperialismo yanqui. Pues no, les digo yo. Estar contra la invasión rusa de un país soberano que no le ha agredido de ningún modo no implica defender la OTAN ni estar a favor del imperialismo. No es tan simple.

¡No a la guerra! ¡No a todas las guerras!

¡No a la Guerra! | Bombardeo en Jarkov (Ucrania) | Foto: 20minutos¿Por qué Rusia ataca Ucrania? ¿Qué razones hay para que un país ataque a otro, destroce sus ciudades, masacre a su población, envenene sus campos con metralla y salitre? ¡No hay razones! Y menos en este siglo XXI donde deberían acabar todas las guerras.

En 1981, de joven, hace ya más de 40 años, iba a las Marchas anti-OTAN a Torrejón gritando ¡OTAN Fuera! Después corrí en numerosas Marchas anti-OTAN que siempre acababan con cargas policiales, Y, en 1986, vote NO en el Referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN. También me opuse a la Guerra del Golfo en 1990. Y en 2003 en las Marchas contra la guerra en Irak me canse de gritar ¡No a la guerra!

Pasa el tiempo, nos vamos haciendo viejos, pero mi pacifismo es más fuerte que nunca. Ya que los años me han hecho más analítico y menos impulsivo. Y las cosas han cambiado mucho en estos años. Aunque, ahora, en 2022, vuelvo a gritar ¡No a la guerra!

También estoy a favor de ayudar a Ucrania de todas las manera posibles y no solo económicamente o con material sanitario. Pienso en la Guerra Civil Española y llego a la conclusión de que si las democracias hubieran ayudado al legitimo Gobierno de la República, esa contienda no se hubiera perdido. Porque el bando rebelde, el bando perjuro, el bando golpista sí que recibió la ayuda de los dictadores de Alemania, Italia y Portugal. Este de ahora, el de Rusia, es un remedo de los 2 primeros, cuyos nombres prefiero olvidar.

Tristes guerras si no es amor la empresa

Además quiero despedirme con un sentido poema del gran poeta  Miguel Hernández Gilabert.

«Tristes guerras
si no es amor la empresa.

Tristes. Tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.

Tristes. Tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.

Tristes. Tristes».

Y yo os pregunto: ¿Cuándo las guerras serán cosa del pasado? ¿En qué momento la humanidad se dará cuenta de que todos somos hermanos, iguales, y vamos en el mismo barco llamado Tierra? Yo ya lo sé y estoy contento de ello. Aunque es un camino solitario y difícil que recorremos todavía solo unos pocos.

¡No a la guerra! ¡No a todas las guerras!



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