La única fuerza y la única verdad | José Martí

La única fuerza y la única verdad | José Martí

La única fuerza y la única verdad que hay en esta vida es el amor. El patriotismo no es más que amor, la amistad no es más que amor

José Martí

[La Habana (Cuba), 28 de enero de 1853 – Dos Ríos (Cuba), 19 de mayo de 1895]

Escritor, periodista, pensador y líder político.

Héroe nacional de Cuba

La única fuerza y la única verdad | José Martí

José Julián Martí Pérez, fundador del Partido Revolucionario Cubano, organizó la última guerra de Cuba que terminó con la independencia de la isla caribeña. Aunque él no pudo verlo pues murió en combate 3 años antes.

Asimismo, en literatura se le considera el iniciador del modernismo en Iberoamérica.

José Martí era el hijo mayor de un modesto matrimonio de inmigrantes españoles de extracción humilde. Además fue el único carón de la familia, pues tras él tuvieron 7 hijas. Sin embargo, a pesar de las estrecheces económicas de su familia, pudo estudiar en colegios particulares. Ya que fueron costeados por su padrino Francisco Arazoza, primero,  y por Rafael María de Mendive, más tarde. Este poeta y patriota cubano fue el fundador del colegio San Pablo, donde el joven adquirió conciencia de su cubanidad y donde se fraguó su patriotismo.

Así, cuando en 1868 Carlos Manuel de Céspedes lanzó el Grito de Yara, que dio comienzo en Cuba a la Guerra de los Diez Años, el estudiante José Martí era ya un fervoroso independentista. Y lo demostró con románticos escritos a favor de los insurgentes en periódicos estudiantiles, como ‘El Diablo Cojuelo’ o ‘¡Diez de Octubre!’. Incluso, en 1869, fundó su propio periódico, ‘La Patria Libre’, en cuyo primer y único número apareció su poema dramático ‘Abdala’, en el que abogaba por la libertad de la isla. Aunque lo hizo bajo la alegoría de un país africano (Nubia) y un héroe guerrero (Abdala), que era el propio Martí.

Cárcel y primer exilio en España

Asimismo, en octubre de ese año 1869, le detuvieron bajo la acusación de ‘infidencia’, apoyada en el hecho de haber escrito a un antiguo condiscípulo Fermín Valdés Domínguez una breve carta reprochándole su apostasía de la causa cubana. Algo que las autoridades españolas interpretaron como un insulto al Ejército.

Tras varios meses de cárcel, se les sometió a ambos a un Consejo de Guerra. No obstante, su amigo sólo fue condenado a 6 meses de arresto mayor, mientras que a José Martí se le impuso la pena de 6 años de presidio y trabajos forzados. Quizás porque ante el tribunal había reivindicado con vehemencia ser el único autor de la carta.

En 1870, ingresó en el presidio departamental de La Habana, con el número 113 de la 1ª brigada de blancos. Y al día siguiente empezó a trabajar en las canteras de San Lázaro. Sin embargo enfermó de gravedad y fue trasladado a la isla de Pinos (hoy isla de la Juventud). Allí permaneció confinado 3 meses hasta que en enero de 1871 salió hacia España. Pues, gracias a la intervención de José María Sardá, figura destacada como maestro de obra en importantes construcciones civiles de La Habana, había logrado la conmutación de su condena por la deportación.

Durante el viaje empezó a escribir su folleto ‘El presidio político en Cuba’, emotiva denuncia de la opresión colonial y los horrores de la cárcel. Y lo publicó nada más llegar a la capital de España en 1871.

Además en Madrid entró en contacto con el grupo de exiliados cubanos, que gozaban de plena libertad de acción y residencia. Y se ganó la vida con clases particulares, traducciones del inglés y colaboraciones periodísticas. Sin dejar de aprovechar cualquier ocasión para abogar por la independencia de su patria.

Final de estudios, viajes por Europa y vuelta a América

Asimismo, en 1873, 4 días después de proclamarse la Primera República Española, publicó otro emocionante ensayo titulado ‘La república española ante la revolución cubana’. Y en el mismo instaba al nuevo régimen a ser consecuente con sus principios, pues la guerra que seguía activa en Cuba se había transformado en una guerra de republicanos contra republicanos.

Además, la estancia en España le permitió completar sus estudios, que siguió primero en la Universidad Central de Madrid y a partir de 1873 en la Universidad de Zaragoza. Ello le permitió terminar el Bachillerato y licenciarse en Derecho y en Filosofía y Letras. Y también escribió una obra teatral en Zaragoza, un drama pasional en prosa que tituló ‘Adúltera’aunque no llegó a publicarlo.

A finales de 1874, tras el fin de la Primera República Española y de sus estudios, decidió viajar a Francia en compañía de Fermín Valdés,. Cabe destacar que la llegada a España de su amigo 2 años antes había sido del todo providencial para un Martí enfermo y agobiado por problemas económicos.

Tras visitar varias ciudades europeas, en 1875 se reunió con su familia en México. Y allí inició su actividad como periodista profesional en la ‘Revista Universal’. Además escribió poemas y una obra teatral en verso, ‘Amor con amor se paga’, estrenada con gran éxito en diciembre de ese año. Asimismo, pronunció conferencias y se hizo muy conocido en los círculos políticos y literarios mexicanos. Sin embargo, al final tuvo que salir del país a raíz del triunfo de Porfirio Díaz, ya que lo dejó en una situación incómoda, dada su declarada simpatía por el Gobierno del anterior presidente, Lerdo de Tejada.

Regreso a Cuba

En 1877 visitó de incógnito La Habana, camuflándose bajo el nombre de Julián Pérez (su 2º nombre y su 2º apellido). Y después se trasladó a Guatemala, donde fue profesor de Historia y Literatura en la Escuela Normal Central, dirigida por el cubano José María Izaguirre. Allí escribió los versos de ‘Patria y libertad (Drama indio)’, su última obra dramática; colaboró en la ‘Revista de la Universidad’ y obtuvo cierta relevancia como orador.

Ese mismo año de 1877 regresó a México para casarse con Carmen de Zayas Bazán, hija de una rica familia azucarera cubana, regresando ambos a Guatemala. Aunque en 1878 renunció a su cátedra en solidaridad con el destituido director Izaguirre.

En febrero de 1878 el Pacto de Zanjón puso fin a la Guerra de los Diez Años y declaró una amnistía. Así que José Martí decidió acogerse a la misma y, tras 8 años de exilio, regresar en septiembre de ese año a La Habana. Y allí nació en diciembre su hijo José Francisco Martí de Zayas.

Trabajó entonces de pasante en varios bufetes, pronunció conferencias en liceos y veladas literarias, y se mezcló enseguida en actividades conspirativas. De nodo que entró en contacto con el recién creado Comité Revolucionario Cubano de Nueva York, que le nombró su delegado en La Habana.

Sin embargo, lejos de limitarse a trabajar y conspirar a la sombra, hablaba en público a favor de la independencia. Así sus discursos patrióticos le hicieron ser conocido y ganar fama como orador. Aunque, también atrajeron sobre él la atención de las autoridades españolas.

De resultas de ello, fue detenido en 1879 acusado de conspiración y de nuevo fue deportado a España. Aunque se le ofreció la libertad a cambio de una declaración favorable a la metrópoli. Algo que él rechazó con estas palabras: «Martí no es de la raza vendible».

Segundo exilio en España y estancia en Nueva York

No obstante, en esta ocasión sólo estuvo 2 meses en España, pues pasó de nuevo a Francia para dirigirse a Nueva York. Allí se incorporó al Comité Revolucionario Cubano, del que fue vicepresidente y luego presidente interino. Y como tal asumió el nuevo fracaso que para la lucha independentista cubana representó la Guerra Chiquita, encabezada por el general Calixto García.

Además de sus actividades políticas, en Nueva York también se dedicó de modo intenso al periodismo, escribiendo críticas de arte y literatura en los periódicos ‘The Hour’ y ‘The Sun’.

En 1881 pasó varios meses en Venezuela, fue su último intento por establecer su hogar en un país hispano. En Caracas dio clases de Oratoria, pronunció discursos, escribió en el periódico ‘La Opinión Nacional’ y fundó y dirigió la ‘Revista Venezolana’. Aunque sólo se publicaron 2 números, pues uno de sus artículos —en el que elogiaba al escritor liberal Cecilio Acosta— disgustó al presidente Guzmán Blanco. Así que tuvo que abandonar el país.

En agosto de 1881 se instaló de forma definitiva en Nueva York, donde vivió hasta enero de 1895, sin viajar al extranjero en los primeros años y viajando de modo incesante a partir de finales de 1891, cuando ya estaba entregado por completo a la preparación de la última guerra de independencia cubana.

Asimismo, la estancia en ‘La Gran Manzana‘ fue el período de mayor intensidad y plenitud de su vida, tanto desde el punto de vista político como literario. Dos facetas que es difícil deslindar, pues José Martí, verdadero ejemplo de intelectual comprometido, puso la literatura al servicio de la causa que defendía.

De ahí que la mayor parte de su producción literaria corresponda al ensayo, la crónica y el periodismo. Pues pocas de sus obras son de creación, salvo en el caso de la poesía, que fue para él un refugio emocional.

La última guerra de Cuba

A finales de 1894, José Martí ya tenía ultimado su plan de alzamiento, consistente en invadir la isla por varios puntos y unirse allí con las fuerzas independentistas que coordinaba Juan Gualberto Gómez, el agente del Partido Revolucionario Cubano (PRC) en La Habana.

Así, se prepararon 3 barcos, con hombres y armas, que saldrían del puerto de Fernandina, en Florida. Sin embargo, la operación llegó a oídos de las autoridades estadounidenses, que en enero de 1895 confiscaron los barcos y las armas.

No obstante, este fracaso supuso un estímulo para los independentistas, que no sospechaban que los preparativos fueran de esa magnitud. La entusiasta reacción de los emigrados y la comprometida situación en que quedaron los conspiradores en Cuba aconsejaban no demorar más la insurrección pese a la escasez de fondos y armas.

Por ello, a finales de enero de 1895, José Martí, Enrique Collazo y José María Rodríguez firmaron en Nueva York la ‘Orden de alzamiento’. Y fue enviada a Juan Gualberto Gómez con instrucciones para que la insurrección comenzara en la 2ª quincena de febrero.

Por su parte, él salió de Nueva York para reunirse con Máximo Gómez en la República Dominicana. Y allí permaneció más de 2 meses a la espera de conseguir algún barco que les llevase a Cuba. Algo difícil por la estrecha vigilancia de las costas cubanas por parte de las autoridades españolas.

Por fin, en abril, Martí, Gómez y 4 compañeros más consiguieron que el buque ‘Nordstrand’ les aproximase a unas 3 millas de la costa oriental cubana. Desde donde los 6 revolucionarios debían continuar el viaje en un pequeño bote. Así,  tras desembarcar en la zona llamada Playitas, se internaron por el monte hasta que entraron en contacto con el grupo guerrillero de Félix Ruenes y continuaron avanzando hacia el interior.

En mayo los 3 principales líderes —Martí, Gómez y Maceo— se reunieron en la hacienda La Mejorana, cerca de Santiago, para discutir sobre que era mejor para la revolución: el control militar o el control político. José Martí mantenía que debía establecerse desde el principio una asamblea de delegados o gobierno civil que garantizase los derechos y libertades de los cubanos y fuera la base para la república independiente.

Sin embargo, en una escaramuza con un destacamento español, Martí murió el 19 de mayo de 1895 en el lugar llamado Dos Ríos, a unos 16 kilómetros al este de Bayamo. Tenía 42 años.

La única fuerza y la única verdad que hay en esta vida es el amor

En la frase del domingo en Pongamos que Hablo de Madrid | La Revista de Madrid, el héroe nacional cubano José Martí afirma:

«La única fuerza y la única verdad que hay en esta vida es el amor. El patriotismo no es más que amor, la amistad no es más que amor».

 




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