«Lo peor de envejecer no son las arrugas, sino que la juventud de los demás te parezca una provocación».
Carmen Rico-Godoy
(París [Francia], 30 de agosto de 1939 – Madrid [España], 12 de septiembre de 2001)
Escritora, periodista, politóloga y feminista
Lo peor de envejecer no son las arrugas| Carmen Rico-Godoy
Nacida en el exilio francés en París (Francia) en 1939, Carmen Rico-Godoy Carabias tenía el don de disparar verdades como templos sin perder la guasa ni la acidez. Hija de la célebre escritora y periodista Josefina Carabias, se formó en la Universidad de Georgetown (Estados Unidos).
Aunque regresó a España en 1971, fue durante la Transición y los años 80 y 90 cuando se convirtió en una voz imprescindible del periodismo patrio. Así, desde las páginas de Cambio 16 (que ayudó a fundar) o El País, sus crónicas retrataron con humor despiadado la política, el nuevo feminismo y las contradicciones de la clase media urbana.
Su gran éxito popular llegó en 1990 con la novela ‘Cómo ser mujer y no morir en el intento’, donde satirizó con brillantez los malabares de la mujer trabajadora de la época. Con su propia guion, fue llevada al cine por Ana Belén en una cinta protagonizada por Carmen Maura.
Fallecida de forma prematura en Madrid a los 52 años, dejó una obra caracterizada por una mirada desenfadada, lúcida y profundamente madrileña.
Entre otros, en 1996 recibió el Premio Francisco Cerecedo, tras 25 años de ejercicio de la profesión periodística.
Una reflexión irónica y vital
Hoy, en su 87 aniversario, recordamos a la escritora y periodista española Carmen Rico-Godoy Carabias en la frase del domingo de Pongamos que Hablo de Madrid | La Revista de Madrid, con una afilada cita suya que tiene algo de reflexión vital:
«Lo peor de envejecer no son las arrugas, sino que la juventud de los demás te parezca una provocación».
Y es que esta reflexión sobre el paso del tiempo no habla de la física, ni del espejo, sino de la mirada. De ese momento sutil en el que el ruido de la calle, el ímpetu ajeno o las prisas de los que vienen detrás empiezan a sentirse como un desafío personal. Una pincelada de ironía fina para afrontar el domingo recordando que la madurez se lleva mejor cuando nos reímos de nuestras propias neuras.
¿Has sentido alguna vez esa sutil ‘provocación’ al mirar alrededor? ¿O prefieres tomarte el paso del tiempo con la misma guasa que Carmen Rico Godoy? Cuéntanoslo en los comentarios. ¡Nos alegrará leerte!





