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Cuando no existen las posibilidades | Indalecio Prieto

Cuando no existen las posibilidades de educarse | Indalecio Prieto
Cuando no existen las posibilidades de educarse | Indalecio Prieto

Cuando no existen las posibilidades de educarse, de levantar dentro de la masa corpórea la estatua magnífica de un espíritu cultivado, no se es hombre, y mucho menos se puede ser ciudadano

Indalecio Prieto

[Oviedo (España), 30 de abril de 1883 – Ciudad de México (México), 12 de febrero de 1962]

Político socialista, gobernante y periodista

Cuando no existen las posibilidades de educarse | Indalecio Prieto

De origen humilde, Indalecio Prieto Tuero nació en Oviedo (Asturias) el 30 de abril de 18831​ y quedó huérfano de padre a muy temprana edad. Así, a los 8 años, se trasladó con su madre y su hermano menor a Bilbao (Vizcaya). Y su trayectoria vital no se comprende sin esta ciudad del País Vasco en la que creció y se formó como persona, como periodista y como líder político.

Allí vivió de forma modestísima en el barrio obrero de las Cortes. Fue a clase en una escuela protestante, al parecer la única existente en la ciudad, y aprendió el oficio de taquígrafo con Miguel Coloma, gracias a una beca sufragada por la Diputación provincial.

Además, con apenas 14 años, comenzó a asistir al Centro Obrero de Bilbao, donde se relacionó con los socialistas. Y, en cuanto cumplió la edad reglamentaria (16 años), se afilió al Partido Socialista Obrero Español más «por sentimiento» que por «convicción teórica». Asimismo, en 1904, fundó las Juventudes Socialistas con su compañero y amigo Tomás Meabe. Desde 1911,  fue diputado provincial y, a partir de 1915, teniente de alcalde y concejal en el Ayuntamiento de Bilbao. Dio entonces la batalla interna a Facundo Perezagua, el hombre que había dirigido el socialismo vizcaíno desde sus orígenes. Y, a partir de 1915, sus tesis moderadas, afines al entendimiento con otras fuerzas democráticas, y en especial con los republicanos, se impusieron en la organización.

El suyo fue un socialismo reformista y humanitario, impregnado de la tradición liberal de su ciudad de adopción. Como dijo en una conferencia en la sociedad El Sitio en 1921, en la que citó de forma extensa al socialista francés Jean Jaurès y se declaró «socialista a fuer de liberal», la libertad individual era «la base esencial del socialismo».

Indalecio Prieto, periodista

Gracias a la influencia del tipógrafo socialista Rufino Laiseca, Indalecio Prieto solicitó empleo en ‘La Voz de Vizcaya’. Así entró en contacto con el mundo del periodismo.

Y más tarde, ‘El Liberal de Bilbao’ fue su «universidad política y periodística». Ya que empezó con 18 años a trabajar como taquígrafo en el diario fundado por Miguel Moya en 1901. Y terminó siendo director gerente y propietario, pues le compró la cabecera al empresario Horacio Echevarrieta en 1932.

Además, en la profesión periodística hizo de todo: vocear periódicos por la calle, escribir crónicas parlamentarias, redactar críticas taurinas y teatrales, componer editoriales políticos y ejercer de corresponsal de guerra en Marruecos.

Más tarde, en 1916, abandono temporalmente la actividad política para trasladarse a Madrid. Y aquó comenzó a trabajar como gerente de la Compañía Ibérica de Telecomunicación. Aunque mantenía su colaboración con ‘El Liberal de Bilbao’. La compañía la habían fundado varios empresarios amigos vascos y madrileños para explotar en España las patentes sobre telegrafía y comunicaciones inalámbricas del inventor Lee de Forest.

Sin embargo, una llamada de Pablo Iglesias en julio de 1917 puso fin a la aventura empresarial de Indalecio Prieto y su vuelta a la política.

Indalecio Prieto, político y gobernante

No obstante, su vuelta a la política no empezó bien. Se hizo cargo del movimiento revolucionario asturiano de 1917 y fracasada la huelga se tuvo que exiliar a Francia. Ya que el gobernador militar de Vizcaya pidió su captura vivo o muerto, pues le responsabilizó de todos los actos de violencia ocurridos durante las jornadas de lucha. Así como del descarrilamiento de un tren que dejó 5 muertos. Éste fue el 1º de sus 4 exilios: 1917, 1930, 1934 y 1938.

En febrero de 1918 fue elegido por primera vez diputado a Cortes por Bilbao, elección que se repetiría de forma ininterrumpida hasta en 7 ocasiones. La última en febrero de 1936.

Además de diputado por Vizcaya-capital en las 3 legislaturas de la Segunda República, Prieto fue ministro de Hacienda y Obras Públicas en los gobiernos del primer bienio. Y fue el político más representativo del nuevo régimen republicano, junto con Manuel Azaña. En 2 ocasiones recibió del presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora en junio de 1933 y el propio Azaña en mayo de 1936, el encargo de formar y presidir el Gobierno. Sin embargo, en ambas ocasiones fue incapaz de salvar los obstáculos impuestos por su propio partido.

Por último, al acceder Juan Negrín a la presidencia del Gobierno, Indalecio Prieto se hizo cargo de la cartera de Defensa Nacional. Así, en mayo de 1937, se convirtió en el máximo responsable político del esfuerzo bélico de la Segunda República.

El exilio final

Tras su salida del Gobierno, a finales de 1938, Indalecio Prieto viajó a América del Sur. Tenía la misión oficial de representar a la República en la toma de posesión del presidente de Chile, Pedro Aguirre Cerdá. Y también con el encargo oficioso de la dirección del PSOE de preparar la evacuación de refugiados españoles a México.

A finales de julio de 1939, Prieto reunió en París a la Diputación Permanente de las Cortes republicanas con el objeto de poner fin a la existencia del Gobierno Negrín. Así, por 14 votos a favor y 5 en contra, fue declarado disuelto. Y, a partir de ese momento, Indalecio Prieto se convirtió en el dirigente principal del exilio republicano.

Asimismo, desempeñó la presidencia del PSOE entre 1948 y 1951.

En la frase del domingo en Pongamos que Hablo de Madrid | La Revista de Madrid, Indalecio Prieto afirma que «Cuando no existen las posibilidades de educarse, de levantar dentro de la masa corpórea la estatua magnífica de un espíritu cultivado, no se es hombre, y mucho menos se puede ser ciudadano».

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