«Donde hay poca justicia es un peligro tener razón».
Francisco de Quevedo
(Madrid [España], 14 de septiembre de 1580 – Villanueva de los Infantes [Ciudad Real, España], 8 de septiembre de 1645)
Noble, teólogo, escritor, dramaturgo, poeta y político
Donde hay poca justicia | Francisco de Quevedo
Francisco de Quevedo y Villegas fue uno de los poetas y escritores más importantes del Siglo de Oro español. Nacido en Madrid, provenía de una familia noble con conexiones en la corte real, lo que le permitió tener una educación de primer nivel. Estudió en las universidades de Alcalá de Henares y Valladolid. Y en ambas destacó por su inteligencia y su dominio de varios idiomas y disciplinas, incluyendo la teología y la filosofía.
Fue caballero de la Orden de Santiago desde 1618 y señor de Torre de Juan Abad a partir de 1620.
Su vida fue tan agitada como su obra. Fue conocido por su rivalidad con el también poeta Luis de Góngora y Argote. Un conflicto que personificó la disputa entre el conceptismo (estilo de Quevedo, que busca la agudeza intelectual y la concisión) y el culteranismo (estilo de Góngora, centrado en la ornamentación formal y la complejidad sintáctica).
Francisco de Quevedo fue un personaje de contrastes: intelectual agudo, político ambicioso (llegó a ser secretario del duque de Osuna en el virreinato de Nápoles) y hombre de profundas pasiones.
Por otra parte, su obra literaria abarca una variedad de géneros. En su poesía, se movió entre lo sublime y lo grotesco. Escribió sonetos metafísicos sobre la fugacidad de la vida («Miré los muros de la patria mía»). Y también poemas satíricos y burlescos que criticaban la sociedad de su tiempo. Su novela picaresca, ‘La vida del Buscón’, una de las obras cumbres del género, narra las desventuras del antihéroe don Pablos en su lucha por la supervivencia en una sociedad corrupta. En teatro, es difícil reconocer su autoría, pero seguro que es suya la comedia ‘Cómo ha de ser el privado’ y algunos entremeses como ‘Los enfadosos’ o ‘Peralvillo de Madrid‘.
No he de callar
En sus últimos años, cayó en desgracia política y le recluyeron en el convento de San Marcos de León. Una experiencia que marcó de forma profunda su obra posterior. Ejemplo de su protopoesía social es su ‘Epístola Satírica y Censoria contra las costumbres presentes de los castellanos,
escrita a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares en su valimiento’. Comienza con estos versos:
«No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?».
Murió en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real, España), dejando un legado literario inmenso que lo consagra como una figura central de la literatura universal. Y siempre recordado por su ingenio, su profundidad y su agudo sentido crítico.
Hoy, en su 445 aniversario, recordamos a Francisco de Quevedo en la frase del domingo en Pongamos que Hablo de Madrid | La Revista de Madrid con una cita suya:
«Donde hay poca justicia es un peligro tener razón».
Y parece, que 4 siglos y medio después esto no ha cambiado nada…




