Del 4 al 24 de marzo, ‘Los cuernos de Don Friolera’ de Ramón María del Valle-Inclán llega a los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid en una nueva versión dirigida por Ainhoa Amestoy. Además, los días 5, 11 y 18 de marzo se celebrarán encuentros con el público después de la función.
Publicada hace 100 años en la ‘Trilogía de Carnaval’, junto a ‘Las galas del difunto’ y ‘La hija del capitán’, ‘Los cuernos de Don Friolera’ es un fiel reflejo del género del esperpento, un estilo literario que deforma la realidad para criticar la sociedad.
‘Los cuernos de Don Friolera’ nos transporta a la España de principios del siglo XX, pero sus temas —los celos, el honor y la crítica social— siguen siendo relevantes en la actualidad. 100 años después.
El montaje de Ainhoa Amestoy se ha construido «desde la sensibilidad ética y estética actual, que no puede quedar impasible ante la tétrica e insoportable realidad de que en España fueron asesinadas más de 50 mujeres en 2023 a manos de sus parejas o exparejas», según sus propias palabras.
Los cuernos de Don Friolera: un esperpento clásico en Teatros del Canal
El protagonista de Los cuernos de Don Friolera’ es un militar que entra en una espiral de locura al recibir un texto anónimo con información infundada sobre su mujer. Al modo en que las ‘fake news’ interesadas llenan hoy Internet.
El teniente Friolera es incapaz de gestionar el bulo y será arrastrado a un aquelarre de celos y honra trasnochada. Se sentirá espiado y juzgado por sus vecinos y conocidos, en un espacio a modo de contemporánea corrala, plaza pública, prisión o paredón. Y donde todos conocen sus miserias y sus intimidades. En ese ámbito crecerá su inquietud y su ira… hasta la tragedia final.
Roberto Enríquez, como don Friolera, encabeza un reparto que cuenta en su elenco con Nacho Fresneda (su contraparte, Pachequín) Lidia Otón, Ester Bellver, Pablo Rivero Madriñán, Miguel Cubero, Iballa Rodríguez y José Bustos.
Para definir su puesta en escena, Ainhoa Amestoy recurre al expresionismo y a la nueva objetividad. Elementos que le permiten plasmar una realidad exacerbada, implacable y cruda. Así como ahondar en los sentimientos más profundos del ser humano.
Además, elementos como el vestuario recogen las herencias del autor y su época, vistos desde el prisma de hoy en día. Y con aires que remiten a las pinturas de Otto Dix o de Julio Romero de Torres. Asimismo, la iluminación pasea por las diferentes historias y geografías que se presentan en este clásico esperpento valleinclanesco. Por su parte. la música acompaña de forma permanente la bajada a los infiernos del protagonista. Y en un registro que va desde el techno a la música popular.




