El martes 2 de septiembre estrenan la temporada teatral 25/26 los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid. Y lo hacen con la reposición de ‘Los cuernos de don Friolera’ de Ramón María del Valle-Inclán, dirigida por Ainhoa Amestoy.
Roberto Enríquez, como don Friolera, encabeza el reparto de ‘Los cuernos de don Friolera’, que cuenta en su elenco con otros 7 actores y actrices:
- Nacho Fresneda (su contraparte, Pachequín),
- Lidia Otón,
- Ester Bellver,
- Pablo Rivero Madriñán,
- Miguel Cubero,
- Iballa Rodríguez y
- José Bustos.
Acogida al sello Creación Canal, ‘Los cuernos de don Friolera’ permanecerá en cartel del 2 al 14 de septiembre. Además, el miércoles 3 y el martes 9 se celebrarán encuentros con el público después de la función. Y el jueves 11 se ofrecerá una función accesible a personas con discapacidad sensorial que contará con subtitulado adaptado, audiodescripción, bucle magnético individual y sonido amplificado con auriculares.
Teatros del Canal inaugura temporada con ‘Los cuernos de don Friolera’
El protagonista de ‘Los cuernos de don Friolera’ es un militar que entra en una espiral de locura al recibir un texto anónimo con información infundada sobre su mujer —al modo en que las fake news interesadas pueblan hoy Internet—. Además, el teniente Friolera no sabe gestionar el bulo y es arrastrado a un aquelarre de celos y honra trasnochada.
Asimismo, se sentirá espiado y juzgado por sus vecinos y conocidos, en un espacio a modo de contemporánea corrala, plaza pública, prisión o paredón, donde todos conocen sus miserias y sus intimidades. En ese ámbito crecerá su inquietud y su ira… hasta la tragedia final.
La propuesta de Ainhoa Amestoy está hecha «desde la sensibilidad ética y estética actual». Y a partir de una obra de Ramón María del Valle-Inclán que, desde los rapsodas griegos, transita por el redescubrimiento del honor calderoniano, los celos shakespearianos, la reflexión sobre el arte y la sociedad en España, el distanciamiento brechtiano y la omnipresente mirada del pueblo con su ancestral sabiduría.
Por otra parte, elementos como el vestuario recogen las herencias del autor y de su época, aunque vistos desde el prisma de hoy en día. Y con aires que remiten a las pinturas de Otto Dix o Julio Romero de Torres. O la iluminación, que pasea por las diferentes historias y geografías que se presentan. Y, por supuesto, la música, que acompaña de modo permanente la bajada a los infiernos del protagonista, en un registro que va desde el techno a la música popular.




